La transición energética: un requerimiento de sustentabilidad para México

Zaira Zyanya Ramírez Soto

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), México no está preparado para el cambio de energías fósiles a renovables (Lopez, 2017). El país cuenta con un enorme potencial en recursos renovables para generación de energía, pero solo una pequeña parte de estos se aprovecha, en 2016 de la energía generada 79.6% provino de combustibles fósiles.

Este ensayo discute los retos de un desarrollo energético sostenible en México. Para ello se estudia el Programa Nacional para el Aprovechamiento Sustentable de la Energía 2014-2018 (PRONASE) como política pública, a la luz de los conceptos de la sostenibilidad y las políticas públicas (PP). La reflexión permite identificar los elementos principales del PRONASE y su contribución a la sostenibilidad energética de México.

Desarrollo energético sostenible en México: sostenibilidad y políticas públicas

La sostenibilidad se define como la capacidad de un sistema de reajustar adaptativamente sus estructuras e interacciones socio ecológicas para enfrentar las perturbaciones y persistir sin cambios significativos en sus atributos y funciones esenciales (Berkes, Colding, y Folke, 2003; Folke, 2006; Holling, 1996, 2001; Norberg & Cumming, 2008). Las políticas públicas son decisiones y acciones de gobierno que definen los problemas públicos que necesitan solución y los mecanismos que se pueden implementar para lograrlo. A las políticas públicas en democracia las distingue la existencia de ciudadanía informada, activa y participativa (Arellano y Blanco, 2013).

Al analizar la crisis sistémica de deterioro ambiental mundial el sector energético cobra especial relevancia. El petróleo determina la vida energética y económica de muchas naciones entre ellas México. El paradigma del petróleo conviene a la satisfacción de intereses y necesidades de grupos diversos respecto al uso de la naturaleza y sus recursos (Rodríguez y col., 2015). Sin embargo, es necesario satisfacer las necesidades del desarrollo humano de la mano de la protección de los sistemas de soporte de la vida; es fundamental lograr un desarrollo sostenible (Cash, 2003).

México es un país con enormes recursos renovables para su explotación y es factible económica y ambientalmente su aprovechamiento. La transición energética nacional está en marcha, pero a una velocidad muy reducida y con grandes incertidumbres. La pregunta base es ¿Qué representa una transición energética nacional? Es simple, se busca cambiar y diversificar el actual sistema energético en el que los hidrocarburos representan la oferta principal y reducir el impacto negativo al ambiente del uso de energías tradicionales por un sistema con mayor participación y diversificación de fuentes de energía renovable (ER).

Para ello se requieren mecanismos de política pública que promocionen las ER y que la valoración de sus beneficios se reconozcan en el país. México posee un importante potencial de ER, en promedio el país recibe en seis horas de exposición al sol una cantidad de energía que equivale a un consumo nacional de un año, la tecnología nueva permite un uso importante de este energético, hasta la fecha en México se usa marginalmente.

La seguridad energética incorpora asegurar recursos energéticos propios o fuentes externas de energía confiables y estables en el corto, mediano y largo plazo; una menor dependencia de energéticos del exterior; renovar las fuentes de energía; iniciar un uso eficiente e inteligente de energía; implementar de manera masiva fuentes de ER no convencionales y reducir el impacto ambiental causado por emisiones de gases de efecto invernadero. Emprender acciones que incentiven el uso responsable e inteligente de la energía en todas al actividades diarias, fortalecerá la seguridad energética, por ende, propiciara el desarrollo sustentable del país. Un sector energético eficiente debe de ofertar servicios energéticos al menor precio, con un impacto ambiental mínimo y a la mayor cantidad posible de familias y empresas.

México cuenta con un marco jurídico diverso en temas de ER, a partir de la Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética (LAERFTE) (2008); invalidada en 2015 tras publicar la Ley de la Transición Energética (LTE) (2015); actualmente se cuentan con 5 leyes y 4 reglamentos relacionados al aprovechamiento y regulación de ER.

El PRONASE (2014), refleja la política pública nacional para la transición energética. El PRONASE busca diseñar y desarrollar acciones y programas que fomenten el uso óptimo de energía en procesos y actividades del sistema energético del país; robustecer la regulación de eficiencia energética en aparatos que consuman energía; fomentar el desarrollo de capacidades técnicas y tecnológicas vinculadas al aprovechamiento sustentable de la energía; aportar en la formación y difusión de una cultura de ahorro de energía; promover la investigación y el desarrollo tecnológico en eficiencia energética; colaborando en la reducción de la intensidad energética de la economía, una economía baja en carbono y un compromiso con el medio ambiente.

Las herramientas de la PP abordan a las ER como un fragmento del compromiso de sustentabilidad y parte de las acciones contra el cambio climático, considerando como prioridad la diversificación de la matriz energética del país; este establece indicadores para el seguimiento dirigido a la eficiencia energética y el aprovechamiento sustentable de la energía.

Es urgente el impulsar el sector energético es una gran área de oportunidad, para incrementar la generación de ER y crear condiciones para avanzar al desarrollo de un modelo energético sustentable y de bajo carbono. El PRONASE efectivamente puede contribuir a la sostenibilidad energética de México ya que ha logrado en 2016 un ahorro energético de 6,913.7 GWh, capacitación en sustentabilidad energética a recursos humanos, actividades de divulgación, además de un incremento al financiamiento de proyectos de investigación y desarrollo tecnológico en materia de eficiencia (PRONASE, 2016), promueve la inversión en infraestructuras energéticas y tecnologías de energía no contaminante, influyendo positivamente en la creación de empleos; competencia y diversificación de fuentes de energía.

Sin embargo, el reto que se mantiene en el sector energético de México es la falta de decisión política para hacer un cambio en el modelo de desarrollo, caracterizado por ser demasiado conservador y con una fuerte inercia a cambios tecnológicos y sistémicos, que es lo que requiere una transición energética. Prácticamente es pobre el concepto de seguridad energética en México y más aún las modestas estrategias que ha planteado el gobierno mexicano para alcanzarla. Una transición energética que acceda paulatinamente a un modelo basado en energéticos renovables, los cuales abundan en México, es urgente y la única solución posible a largo plazo.

BIBLIOGRAFIA

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