Apostar por el turismo puede hacernos perder

Por: Carolina Velázquez Mendoza

Apostar por el turismo puede hacernos perder. Así lo viven los habitantes de Xcalak y Mahahual, quienes cuentan con características que todo turista desea: arena   blanca,   mar,   sol,   tranquilidad   y   arrecifes increíbles  en  los  que  puedes  bucear.  Pero  a  pesar de  todo  eso,  las  comunidades  no  logran  obtener los recursos necesarios para subsistir (Neveu, 2013; Laursen, 2017).

Fue a finales de los años sesenta cuando comenzó la   planificación   para   crear   en   México   polos   de desarrollo turístico que atrajeran inversión e impulsar el crecimiento económico en zonas aisladas del país (Espinosa-Coria,  2012).  Estos  polos,  se  nombraron Centros  Integralmente  Planeados  (CIP)  y  fueron administrados  por  el  Fondo  Nacional  de  Fomento al   Turismo   (FONATUR)   (Dávila,   2014;   Tulio   y Santamaría, 2015). Así en 1974 inició la construcción de Cancún e Ixtapa, después en 1976 se construyeron Los  Cabos  seguido  de  Huatulco  y  Loreto  (Tulio  y Santamaría, 2015).

Décadas  después  de  la  construcción  del  primer CIP,  analizaré  en  este  ensayo  si  estos  sitios  fueron planeados con un enfoque integral, particularmente Xcalak y Mahahual, al sur del estado de Quintana Roo.

Al  ver  el  éxito  económico  obtenido  por  Cancún, cuya  derrama  en  2015  representó  50%  del  total generado  por  el  sector  turístico  a  nivel  nacional (Blanco, 2016), en el 2000 se dieron a conocer los ambiciosos planes de desarrollo en la llamada Gran Costa  Maya,  que  abarca  desde  los  límites  de  la Reserva de Sian Ka’an hasta la frontera con Belice. Los planes originales contemplaban la construcción de un campo de golf, marinas y alrededor de 15,000 cuartos  de  hotel  (Vázquez,  2012).  El  proyecto  se catalogó  como  inviable  (Vázquez,  2012),  pero  a pesar  de  esto,  en  2013  el  gobierno  de  Quintana Roo  consideró  en  el  Plan  Nacional  de  Desarrollo un  relanzamiento  y  mejoramiento  del  CIP  (Varillas, 2013).

En  Mahahual  se  construyó  un  gran  centro  turístico que   incluye   un   puerto   de   cruceros,   un   parque acuático,   hoteles,   plazas   comerciales,   viviendas y  un  delfinario  (Imagen  1).  Sin  embargo,  debido a  la  baja  ocupación  turística  por  la  poca  y  mal aceptada   promoción   del   sitio   (Argüelles,   2014), los  centros  turísticos  obtienen  menos  ganancias  en comparación con el capital que se invirtió; algunos incluso se encuentran completamente abandonados (Sánchez,  2015;  Fernández,  2015).  Los  centros  de entretenimiento  prometían  crecimiento  económico a  los  pobladores  de  Mahahual,  el  cual  era  más que necesario después del paso del huracán Dean, el  cual  destrozó  más  de  un  millón  de  hectáreas de   áreas   forestales,   y   causó   enormes   pérdidas económicas   (Islebe   et   al.,   2009).   Pero   dichas construcciones   están   alejadas   del   poblado   y   la mayoría  son  compañías  transnacionales.  Además, los  complejos  turísticos  tienen  un  arreglo  tal  que  el turista  no  tiene  la  necesidad  de  buscar  opciones alternativas que ofrecen los comerciantes locales a un  par  de  kilómetros  de  distancia  (Sánchez,  2015; Miranda, 2013).

Mahahual,  como  parte  del  Caribe  mexicano,  se caracteriza  por  compartir  una  gran  extensión  del arrecife mesoamericano. Esta gran barrera arrecifal requiere  aguas  claras,  cálidas,  niveles  mínimos  de salinidad  y  poca  profundidad  para  mantener  su asociación  con  las  algas  zooxantelas,  las  cuales son  esenciales  para  el  buen  funcionamiento  del ecosistema   (Alvarado   et   al.,   2004).   El   arrecife provee hábitats indispensables para la alimentación, anidación y crianza de muchas especies de flora y fauna de importancia comercial, como la langosta, el  caracol  y  el  mero  en  quienes  se  concentra  el mayor  esfuerzo  pesquero  en  Quintana  Roo  (Isidro, 2004), los arrecifes hermatípicos también albergan especies  amenazadas  y  en  peligro  de  extinción como   las   tortugas   caguama,   carey   y   laúd,   el mero  del  Caribe  e  incluso  las  mismas  especies  de corales formadoras de arrecifes como el coral negro (Padilla, 2001; Ardisson et al., 2011).

Así  como  los  arrecifes  contienen  una  inigualable riqueza,  también  son  sumamente  frágiles  (Kramer et  al.,  2015).  El  anclaje  de  los  cruceros,  si  se  hace de  manera  imprudente,  puede  dañar  hasta  200 m2  de  fondo  marino,  incluyendo  el  arrecife  (Burke y  Maidens,  2005).  Los  cruceros  son  una  fuente importante de contaminación. Generan un promedio de  8  tn.  de  agua  aceitosa  de  sentina  y  1  tn.  de basura  diaria  (Burke  y  Maidens,  2005).  Aunado a  los  desechos  que  pueden  generar  los  cruceros en  Mahahual,  los  pobladores  deben  lidiar  con  la enorme cantidad de basura natural e industrial que recala en sus playas, ya que en esta zona confluyen diversas   corrientes   marinas   que   traen   consigo desechos  de  todas  partes  del  mundo.  Incluso  se han identificado plásticos procedentes de Grecia, y hasta de Indonesia y  China (SIPSE, 2016).

Por  otro  lado,  en  Xcalak  al  convertirse  en  parque nacional con intenciones de proteger el ecosistema evitando los grandes desarrollos urbanos, ocurrió una transición. Los pobladores fueron de las actividades pesqueras  al  turismo,  ya  que  era  más  redituable  y con menor esfuerzo (Campos, 2004). Sin embargo, al   igual   que   en   Mahahual   la   inversión   para   la infraestructura   cayó   en   manos   de   empresarios extranjeros, por ejemplo, el centro de buceo, posee más de 30 permisos para embarcaciones mientras que las cooperativas locales sólo tienen 3 (Laursen, 2017).   La   falta   de   apoyo   a   la   comunidad   ha impedido el crecimiento socioeconómico, lo que se refleja en las pocas ganancias obtenidas de Xcalak en  comparación  con  San  Pedro,  la  isla  vecina  de Belice, considerada de los mejores destinos turísticos del mundo (Neveu, 2013).

Es  claro  que  en  Xcalak  y  Mahahual  el  CIP  Gran Costa Maya no funcionó del todo bien. La inclusión de  los  pobladores  en  la  toma  de  decisiones  y  en la  obtención  de  beneficios  ha  dejado  mucho  que desear. Pero no sólo en estas localidades, el patrón se  repite  en  la  mayoría  de  los  polos  de  desarrollo turístico,  en  donde  si  bien  en  algunos  casos  se  ha notado  un  incremento  en  el  bienestar  económico, también   han   surgido   conflictos   socioambientales que  reflejan  poco  éxito  en  la  gestión  (Mendoza  et al., 2011). En principio la gestión integrada de áreas litorales  debe  asegurar  el  desarrollo  y  bienestar humano  a  través  de  la  protección  y  conservación de   los   ecosistemas   (Pérez-Cayeiro,   2014).   En coincidencia, los CIP, tienen como objetivo principal el  desarrollo  regional  (Espinosa-Coria,  2012).  Pero se ha optado por asegurar el crecimiento económico a  costa  de  los  ecosistemas  y  de  las  comunidades. Fonatur ha impulsado el turismo extranjero, con idea de que dejan mayores ganancias para México. Sin embargo, un alto porcentaje de turistas extranjeros realizan  viajes  todo  incluido,  por  lo  que  el  avión  y los  hoteles  los  contratan  con  empresas  extranjeras, dejando  al  país  una  mínima  derrama  económica e   incumpliendo   así   el   objetivo   de   contribuir   al desarrollo regional, ya que no hay flujos económicos entre turistas y pobladores (López, 2006).

Los CIP del país no se adecuan a las características esenciales  de  una  gestión  integrada  ya  que  no cumplen  sus  objetivos  principales.  Esto  ocurre  en muchas  partes  del  territorio,  en  la  Riviera  Maya se  dan  casos  de  desplazamiento,  falta  de  empleo bien  remunerado,  discriminación,  tala  ilegal  y  falta de servicios básicos, lo que incluso ha derivado en problemas de salud pública (Acuña y Medina, 2017). Es   necesario   reflexionar   sobre   si   los   CIP   han producido los efectos esperados para con base en los  errores  replantear  mejores  planes  de  gestión. Una  gestión  que  tome  en  consideración  todas  las variables  del  sistema  evitaría  la  exclusión  de  los habitantes y se podrían incluso desarrollar métodos de  aplicación  de  normas,  de   monitoreo  constante del  sitio  y  de  la  efectividad  de  la  administración con ayuda de indicadores como los propuestos por Heileman (2009) adecuándose a la realidad de las comunidades adaptándose un enfoque proactivo en la gestión integral de las costas mexicanas.


Referencias

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